23 de junio de 2010

Casualidades

Durante años he deambulado por la vida sin plantearme nada. Dejaba que los días siguieran su curso, sin más. Nadie me esperaba. Nadie me necesitaba. La vida era un conjunto de casualidades, no importaba su color, no importaba su origen. Momentos intrascendentes que había que superar acompañado de un vaso sin fondo, de un libro sin páginas.

Ahora, que he descubierto tu mirada, sé que la autenticidad se graba en las pupilas. No se necesitan palabras para decir “Te amo”. Tus dedos, al rozar mi piel, transmiten tanto sentimiento que consiguen detener el instante. El tiempo desaparece y los momentos intrascendentes se transforman en milagro.

Los días en los que me despierto con la necesidad de gritar “Socorro”, siento tu mano sobre mi hombro antes de poder exclamar un solo lamento. Durante ese momento se detienen las manecillas del reloj y descubro la poesía que ataca directamente al corazón. Descubro la generosidad que no busca propósito.

Ahora sé que no todo es casualidad. Los pocos instantes en los que me sentí humano no eran más que un adelanto para poder soportar tu encuentro. Ahora sé que todo tiene un propósito y que vivir como un dios es vivir la vida en cada instante.
Gracias.

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