20 de noviembre de 2010

Te esperamos.

Un cosquilleo recorre mi cuerpo. Un rayo de emoción atraviesa mi ser. Sé que ya estás aquí. Puedo sentir tu pequeñito cuerpo ansioso por salir. Puedo unir mi corazón al tuyo y percibir su fuerza, sus ganas de vivir.

¡Queda ya tan poco para poder abrazarte! Tu pequeñito cuerpo, de apariencia frágil, entre mis brazos. Contagiarme de tu fuerza, de tu energía, y juntos volver a descubrirlo todo como si fuera la primera vez.

Ha sido una espera larga pero ya llega a su fin. Todos nosotros estamos ansiosos por tu llegada, todos estamos preparados para acompañarte en tus primeros pasos sobre este hermoso camino llamado vida.

La vida es hermosa. Cada momento puede ser especial. Cada instante un nuevo sentimiento, una nueva emoción, un nuevo descubrimiento. Sentir el calor de un rayo de sol sobre tu cuerpo, emocionarte con el rojo intenso de una flor en primavera, sentir como tu cuerpo se balancea con el ligero roce del viento.

Tu mama es un ser especial, ella te enseñará a vivir cualquier situación con optimismo, ella te enseñará a disfrutar de las cosas pequeñas de la vida. Te mostrará que para ser feliz no hacen falta grandes cosas, no hace falta fama y dinero, únicamente vivir cada momento con intensidad.

Tu hermanito Martín también te espera, nervioso. No entiende muy bien tu llegada y se encuentra algo confuso. Pero sé que cuando te vea se sentirá orgulloso de ser “hermano mayor” y te enseñará la parte más inocente de la vida. Te enseñara todo aquello que sólo un niño de dos años puede ver.

Te esperamos con mucho amor.
Tu familia.

19 de septiembre de 2010

Te descubro cada dia

Estoy aquí. Subido en lo más alto del cielo. Busco un recuerdo, un sentimiento perdido. Desde la altura todo parece distinto, las imágenes se desenfocan. La oscuridad lo cubre todo. Las sensaciones se diluyen y desaparecen con el viento.

Miro pero no veo. Oigo pero no escucho. ¿Para qué? Todo es confuso, todo es eterno. Un grito al viento, ¡Llévame contigo!, un salto al vacío, un adiós sin retorno.

Siento el calor de la sangre. Desaparecen las palabras. Sólo el latido de mi corazón es capaz de rasgar el silencio incipiente que se apodera de todo, que se apodera de nosotros.

Cierro los ojos con la esperanza de no ser visto. Los sonidos desaparecen, las imágenes se diluyen. Durante un instante resurgen las palabras calladas, las acciones cesadas, los sentimientos negados.

Las sonrisas amargas desgastan mis huesos. Vivir sin sentir, ¿Es realmente vivir? ¡No!. Deambulo como un muerto si un destino concreto.

Vivo, siento, lucho, amo, lloro. A pesar de que la pesadumbre lo inunda todo, sigo sintiendo. Las espinas resecas se clavan con más fuerza. Mi propia sombra me acecha sin descanso.

Abro los ojos. Y te encuentro. Al verte un rayo atraviesa mi alma. Se enfoca la imagen desgastada por el tiempo. Los colores se intensifican. Y yo, mi amor, vuelvo a estar vivo.

23 de junio de 2010

Casualidades

Durante años he deambulado por la vida sin plantearme nada. Dejaba que los días siguieran su curso, sin más. Nadie me esperaba. Nadie me necesitaba. La vida era un conjunto de casualidades, no importaba su color, no importaba su origen. Momentos intrascendentes que había que superar acompañado de un vaso sin fondo, de un libro sin páginas.

Ahora, que he descubierto tu mirada, sé que la autenticidad se graba en las pupilas. No se necesitan palabras para decir “Te amo”. Tus dedos, al rozar mi piel, transmiten tanto sentimiento que consiguen detener el instante. El tiempo desaparece y los momentos intrascendentes se transforman en milagro.

Los días en los que me despierto con la necesidad de gritar “Socorro”, siento tu mano sobre mi hombro antes de poder exclamar un solo lamento. Durante ese momento se detienen las manecillas del reloj y descubro la poesía que ataca directamente al corazón. Descubro la generosidad que no busca propósito.

Ahora sé que no todo es casualidad. Los pocos instantes en los que me sentí humano no eran más que un adelanto para poder soportar tu encuentro. Ahora sé que todo tiene un propósito y que vivir como un dios es vivir la vida en cada instante.
Gracias.

7 de junio de 2010

Tristeza

Hoy la Tierra anda triste. El cielo se viste de luto con su traje aterciopelado. Hasta los pájaros han dejado de cantar.
Los perros aúllan a la luna llena que con su tenue luz ilumina nuestra melancolía.
En el campo las flores se marchitan y sólo reverdecen las espinas secas y algún que otro cardo olvidado.
Las calles permanecen desiertas únicamente habitadas por las sombras de los recuerdos, de los momentos vividos, de palabras y promesas incumplidas.

Hoy la Tierra anda triste y mañana… Mañana será otro día.

28 de mayo de 2010

Los mundos

Escribo esta carta postrera dirigida a nadie y a todos. Una vez acabe la dejaré libre y el viento la arrastrará hasta su destino, a un lugar desconocido. Es una carta sin remite, una carta sin membrete. Sólo una secuencia de palabras que brotan de no sé de qué fuente en uno de esos momentos que la mente se despista y deja de controlarlo todo.

Trago saliva y siento el sabor amargo de la sangre. Mis labios, mordidos, no permiten disimular la rabia. Rabia acumulada por no ser capaz de dártelo todo. Rabia por no conseguir tu felicidad perfecta. Sueño que las distancias se acortan. Sueño que todos juntos disfrutamos de una vida perfecta. Que el viejo y el nuevo mundo son uno sólo. Pero cuando despierto y vuelvo a la realidad me doy cuenta que los sueños no son más que deseos de niños. Momentos “Kit Kat”, en los que la realidad descansa para poder disfrutar de una bocanada de aire que te permite seguir viviendo.

Dudo, pienso, el sabor de sangre se diluye. Mientras, un dedo me señana amenazante. Me siento tan cobarde que no puedo evitar agachar la cabeza y esconder mis vergüenzas. Nunca fui dueño de mis pasos. Siempre seguí la huella de los zapatos de otros. Me gustaría tener la suficiente valentía para mirarte a los ojos y aguantarte la mirada. La valentía de abandonar la senda marcada y juntos escaparnos al mundo de Peter Pan. Encontrar el lugar donde los sueños se convierten en realidad. Y así al despertar descubrir que las distancias se han acortado. Descubrir que todos juntos disfrutamos de una vida perfecta. Que el viejo y el nuevo mundo son uno sólo.

12 de mayo de 2010

Silencio onírico.

Aunque ande desaparecido, aparente perdido, sumido en nostalgias y sueños. Aunque os conceda sólo un silencio, un aséptico momento, un recuerdo difuso.Camináis a mi lado y juntos aprendemos a escuchar el silencio del viento. Juntos buscamos el camino de vuelta a casa, y aprendemos a pasar desapercibidos, sin crítica sin llanto.

Sólo es necesario que cuando me encuentres desaparecido, aparente perdido, sumido en nostalgias y sueños. No te extrañes, no me olvides. Agárrame del brazo, acompaña mi silencio.

Mi delirio es temporal y muchos fueron los momentos compartidos. No basta que una palabra confirme lo que ya sabemos. No hay necesidad de ella. Las palabras están sobrevaloradas. El silencio es mágico, cercano, onírico.

6 de mayo de 2010

Traición

Descubro que mis palabras son repetidas. Siempre que intento expresar un sentimiento hablo de corazones, magia y golondrinas. Una fuerza aprieta mi interior, una fuerza que no se si ayuda o mata. Busco las palabras precisas en un intento de explicar. De explicar un sentimiento, un sentimiento que quiero compartir contigo.

Al asomarme a la ventana de tu mirada siento como la luz brilla con más intensidad. No es que se encienda una bombilla. Tus retinas son tan claras que toda la luz del sol se refleja en su plenitud. Las mías se han ido oscureciendo con el paso de los años, y la inocencia de los primeros días se ha transformado en desconfianza.

No vale la pena. Mejor disfrutar de una melodía en silencio. Al menos es tu silencio. Hay momentos que me duele el alma porque me he traicionado. No he cumplido con el pacto que firmé con mi versión infantil. Quería ser yo mismo y hay días que no me reconozco. La traición es comparable a la mantis religiosa que se come al macho después de parearse. Mejor ser fiel incluso cuando esa fidelidad te entumece los huesos.

Pierdo un ápice de mi esencia cada vez que no cumplo. Sé como soy y no lo sé. Soy un vagabundo que ha perdido su libertad porque no ha sabido respetarse. Soy esclavo de las costumbres. No quiero, no quiero que vuelvas a traicionarme.